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Proclamas contra los clósets

Publicado: 2013-12-02


La lucha contra la homofobia se ha reducido a un like en Facebook, a declarar que se tiene un muy buen amigo gay, a acompañarlo al Vale Todo (porque la música es di-vi-na) o, en el mejor de los casos, a tomarse una foto fingiendo ser gay pero aclarando que no, que simplemente se es un muy buen amigo heterosexual. Así que lamento informarles que no, que eso no es luchar contra la homofobia, que esta es una guerra (sí, guerra) en la que miles de personas son asesinadas por ser quienes son, una guerra en la que tantas otras se suicidan porque nuestra sociedad hace su vida invivible, una guerra en la que tenemos las manos manchadas de sangre y en la que tenemos la obligación moral de señalar claramente de qué lado estamos: de la transformación hacia la igualdad o del inmovilismo cómplice de las muertes ocurridas y de las que vendrán. 

Son tan criminales aquellos que asesinan con sus manos como aquellos que se quedan cómodamente sentados viendo, cómplices, cómo los gais morimos día a día. Y muchísimo más criminales son aquellos gais que, desde la comodidad y privilegio social de sus clósets, hacen como si no pasara absolutamente nada e incluso, para mantener su situación de “no gay”, se burlan, incitan a violar o violan directamente los derechos de otros gais.

Contra ustedes siempre, gais de clóset, sujetos que se aferran a privilegios sociales legitimados en la homofobia, cobardes responsables de que una generación más de adolescentes gais sea acosada en sus escuelas, rechazada de sus hogares, golpeada en sus barrios y asesinada cruelmente

Contra ustedes siempre, sujetos que se esmeran en ser respetables y bien vistos, que luchan por deshomosexualizarse y por ello son los homosexuales que quieren los homofóbicos, Martha Chávez, el pastor Rosas y el cardenal Cipriani.

Contra ustedes siempre, responsables de la homofobia, enemigos en el seno de la homosexualidad, porque si todos saliéramos del clóset y nos levantáramos contra la homofobia, hace ya buen tiempo habríamos acabado con ella y sus crímenes. Y porque tener el poder de evitar un crimen y no hacer nada al respecto es, claramente, criminal.

¿Radical? Claro que sí: en un contexto en el que el inmovilismo es el sentido común, romper con la “costumbre” de la respetabilidad y el clóset es radicalísimo.

¿Violento? Por supuesto que sí: re violento querer acabar con los clósets, re indignante, ¡si tanta indignación hubiera cuando nos descuartizan y prenden fuego al pie de una carretera!

Lima, 2 de diciembre de 2013


Escrito por

Gio Infante

Activista marica, periodista sadomasoquista y antifujimorista.


Publicado en

Gio Infante

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