nueva repartija

Su odio nos hace más fuertes

Reflexiones post #UniónCivilYA

Publicado: 2014-06-18

No estemos tristes ni lloremos: llenémonos de rabia porque ayer asistimos a la confirmación de que maricas, machonas y tracas en este país no tenemos alma, no somos seres humanos y, por lo tanto, no merecemos derecho alguno.

Y digo confirmación porque las barrabasadas de ayer no son creación heroica de ninguno de estos fanáticos religiosos sino repetición insistente: hace exactamente un año el Pleno del Congreso se negó a sancionar los asesinatos homofóbicos porque -según Lay- nos matan muy poco; unos años antes, en 2010, cuando el APRA usó el mamarracho de propuesta de ley de unión civil de José Vargas como cortina de humo 24 horas antes de la elección de la última mesa directiva del Legislativo de su gobierno y ninguno de sus correligionarios fue a defenderla, y fue Charo Sasieta la que se fajó en la Comisión de Justicia por nuestros derechos; y también antes, en 2007, cuando decidieron no ratificar la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes porque para nuestros inteligentísimos congresistas los derechos a no ser discriminado, a tener una identidad propia y a formar una familia eran la puerta para el matrimonio igualitario y, por lo tanto, motivo suficiente para negárnoslos; y no tengo que detallar todas las veces que los proyectos de igualdad y no discriminación por orientación sexual e identidad de género del MHOL acogidos por Javier Diez Canseco terminaron en el archivo hace más de una década; ni cómo los fujimoristas alumnos del pepecista Cornejo Chávez se esforzaron en sus intentos de candado constitucional contra el matrimonio igualitario frente a la propuesta del parlamentario de izquierdas Julio Castro para que la Constitución de 1993 reconozca a todas las familias sin discriminación.

A estas alturas queda claro que nuestro Congreso tiene poco del uruguayo y todo del ugandés, y justamente por eso no creo que la lucha hoy pase por el matrimonio igualitario o el reconocimiento de la identidad de género de las personas trans (batallas justísimas, urgentes y con las que estoy más que comprometido), sino por un elemento mucho más básico y menos obvio: disputar la condición humana, que quede claro que los homosexuales también somos derechos humanos, construir ya una Comisión Ciudadana de la Verdad sobre la Situación de los Derechos Humanos LTGBI que evidencie lo que este Estado homofóbico hace y deja hacer con nosotros, exigirle que nos pida perdón histórico, volver a pelear una ley contra la discriminación y los crímenes de odio. Es decir, la lucha en nuestro Perú no es aún la de la igualdad formal sino la de la dignidad.

Y asumir públicamente esto me llena de rabia porque es la confirmación de lo mal que estamos, de lo mucho que nos falta andar, de lo terrible que puede llegar a ser esta sociedad. Pero esa rabia contenida de la porquería de debate de ayer, de todos los insultos y golpes recibidos, de toda esa mierda que vivimos a diario por atrevernos a ser quienes somos hoy debe transformarse en valor para atrevernos a ser felices a pesar de todo, en energía para luchar por nuestros sueños y en esperanza porque llegará el día en que nuestro país proteja y respete todas las formas de amar.

Mientras tanto, veremos al Congreso archivar la Unión Civil y terminar de desbaratar su Unión Solidaria; oiremos a Martha Chávez, Julio Rosas, Humberto Lay y compañía decir que ha triunfado el orden natural de la familia... Y nosotros, los abominables, saldremos a las calles este 28 a celebrar el Día del Orgullo y les demostraremos que cada vez somos más y más fuertes, que no estamos tristes ni llorando en nuestro rincón, que su odio nos hace más fuertes en la lucha por nuestros sueños, que su odio nos da energía para luchar, que a pesar de su odio y justamente por él, ¡venceremos!


Escrito por

Gio Infante

Activista marica, periodista sadomasoquista y antifujimorista.


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Gio Infante

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