defiende el enfoque de género

BERGOGLIO SALIENDO DEL SÍNODO / FOTO: AP

Nada que celebrar

Sobre la supuesta apertura a los homosexuales en el último Sínodo

Publicado: 2014-10-14

Sospecho que maricas, machonas y tracas, así como buena parte de los que apostamos por la igualdad, hemos naturalizado tanto el profundo desprecio de la sociedad hacia nuestras vidas y cuerpos, que nos esforzamos en creer que cada vez hay más gentes que nos respetan, aceptan y quieren, a pesar de que no sea así. De otro modo, no me explicaría tanto afán celebratorio frente al Vaticano y Jorge Bergoglio, alias Francisco.

Ayer se publicó el informe post-debate del Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia 2014 (http://bit.ly/1tYFuvy) , y no tardaron en aparecer los reportes periodísticos que califican de histórico que el Vaticano reconozca que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer” (50), pero olvidaron citar que líneas más abajo el documento reafirma que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer” (51), “sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales […] reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños” (52). El documento también señala que “tampoco es aceptable que se quieran ejercitar presiones sobre la actitud de los pastores o que organismos internacionales condicionen ayudas financieras a la introducción de normas inspiradas a la ideología gender” (51).

Entonces, ¿estamos o no frente a una revolución histórica que transformará las bases de la Iglesia Católica y garantizará la igualdad plena para LTGBI? Yo creo que no, que el cambio de tono público del Vaticano sobre los homosexuales es un importante gesto político, pero que es un gesto vacío y peligroso para nuestros derechos, ya que puede hacernos creer que la Iglesia se transforma para ser aliada de la igualdad LTGBI, generando mayor permisividad a su férrea oposición política a nuestros derechos, así como mayores antipatías contra quienes vigilamos su accionar y lo denunciamos públicamente.

Así, la frase bonita difundida todo el día no es más que eso: una frase bonita para el gran público. Con menos reflectores, en Naciones Unidas se encarga de oponerse férreamente a que se reconozca la igualdad por orientación sexual e identidad de género (http://bit.ly/11hqxOd) y acá sus obispos y operadores han dado batalla contra que, incluso, se sancione los asesinatos homofóbicos. Claro, hay que reconocer que ya no nos mandan a la horca ni a la hoguera… Porque no pueden.

Sucede exactamente lo mismo que con la tan mentada entrevista de hace un año (http://bit.ly/1wxeiGP) en la que Bergoglio afirmó y los medios colocaron a primera plana que “si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?”, a pesar que más adelante también decía que “el Catecismo de la Iglesia Católica lo explica de forma muy bella”. ¿Y qué dice su Catecismo (http://bit.ly/1qYY1Gb)? Que, según la Bibñia, somos personas con "depravaciones graves" que "no pueden recibir aprobación en ningún caso" (2357), por lo que "las personas homosexuales están llamadas a la castidad" (2359) e insta a que seamos "acogidos con respeto, compasión y delicadeza" y se evite contra nosotros toda "discriminación injusta" -vaya uno a saber cuál es la discriminación justa- (2358). Y, para eliminar dudas, finaliza "entre los pecados gravemente contrarios a la castidad se deben citar la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales" (2396).

Y esto es importante, en tanto nos debe llevar no solo a remirar las implicancias de los gestos de la Iglesia Católica, sino también a repensar el sentido de nuestros activismos LTGBI en relación a este actor. A mí no me importa que esta o cualquier otra iglesia levante el mandato de castidad a los homosexuales o que celebre matrimonios del mismo sexo -aspiraciones respetabilísimas de algunos creyentes LTGBI y progresistas, y por las que deberán luchar al interior de sus propias iglesias, pero que particularmente a mí no me importan-, sino que pida perdón histórico por haber perseguido, asesinado y hecho invivibles las vidas de millones de LTGBI alrededor del mundo por más de 2 mil años, que cese su intromisión en las decisiones estatales y que se abstenga de incitar al odio homofóbico, o se atenga a las consecuencias legales de hacerlo.


Escrito por

Gio Infante

Activista marica, militanta socialista y, a veces, periodista con rollito de abogada.


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